domingo, 23 de octubre de 2011

Carta a Soledad

Que horrible que es la soledad, te pregunto aquí como me dejaste la última vez que viniste. Cuando dejaste de ser esa amiga, con cara de ángel, que me acompañaba en estos momentos para ser la sombra de mis mejores errores?. Y lo peor de todo en tu nombre.

Cuando deje de ser el soñador que te alimentaba, para ser el mortal que saca la cabeza del frío todas las mañanas para trabajar. Y como extraño... todo, mi gente, mi familia, mis amores, mis cartas y el calor humano real de gente tan igual.

Cuanto me cambiaste maldita arpía, cuanto mal y cuanto bien te debo, pero a que costo, cuanto realmente te debo...

Quisiera estar con ella, y lo sabes, pero cuando? Cuando volveré a reír como en tiempos que te conocí, o tal vez ya cambié demasiado, es eso?. O es que no me quieres dejar el por que no la encuentro? De ser así cuanto te odio, a tí, mi amiga Soledad.

lunes, 17 de octubre de 2011

Mas de cien mentiras

Dentro la gran experiencia que es estar en este lado del charco, es imposible levantar la vista ante el sufrimiento que existe y que rodea a todos, que aquí también hay gente que estira la mano por algo que comer, que aquí existe una pobreza tan igual a la que existía en cualquier país de Sudamérica, ya que al igual que allá, la ignorancia es el alimento de la gente, y las grandes potencias siguen alimentando esta opción a niños y jóvenes por venir.

A la vez, durante el momento peregrino de visitar a nuestra "Santa Cede" no pude dejar de sentir repulsión por la entrada, las estatuas y monumentos, de lo más hermosos que haya conocido, mientras en las calles siguen habiendo muestras de los desamparados, entre tanto, sentado en un altar se encuentra con vestimenta de hilos de oro, el "presidente" de lo que nos representa ante Dios, afuera la gente espera por su entrada con un ticket... al infierno.

Es así que durante el paseo hermoso del Vaticano, no pude dejar de mirar a tanta maravilla como las rocas milenarias que había visitado el día anterior para así no explotar en un ataque de ira y fianzas en la prisión.

Con el paso del día, mi pensar fue mostrando un poco más de amor, ese combustible etéreo que Dios maneja, y no pude dejar de culpar a la parte humana de la institución, de la política de nuestra religión por tanta desgracia, por que no hay peor cobarde que el que no mete la mano al fuego cuando tiene todas las cartas para hacer un cambio. Tanta fue mi sorpresa que en la boca de mi compañero de viaje se dio la respuesta, cuando en la iglesia donde está enterrado san Ignacio de Loyola no pude dejar de sentir a Dios por los alrededores, y este al ver una lágrima mientras rezaba me dijo - "es la llamada de la compañía, que te está llamando". Compañía, sonaba a pandilla, a partido político, y lo sigue haciendo, por más que trate de borrarlo de la mente. - No mi hermano, es que aquí de cierto modo es diferente, aquí hay amor respondí sin miedo.

Así pasaron los días con escenas de películas, anécdotas para las copas, y risas de por medio, con una Toscana inolvidable, con sus rayos de sol, con la sonrisa de su gente, con los buenos tratos y la comunión de razas mezcladas sin temor, ni malas miradas, que me enamoró esa imagen, con la duda de la fórmula en mi cabeza, para que en algún momento de donde yo vengo se pueda ver algo así. Cansado, de leer y meditar, de disfrutar al máximo esta posibilidad y llevarme a lo más profundo de mi mente las imágenes que hubiese querido vivir con la mujer que amo llegue al final del viaje. Pero no por ser el final estaba triste, ya que en Madrid, donde extrañamente me sentía en casa, me esperaba uno de mis mejores amigos, mi tío estaba de visita.

Es así que no importaba nada, mi sangre caminaba por las tierras de Madrid esperando a mi encuentro, y corrí lo más rápido que pude, sin importar el que me hayan robado la maleta, o que estuve 24 horas sin dormir, necesitaba estar con alguien total y completamente conocido, una carga de las baterías familiares era necesario.

Pasamos un día fascinante, aunque hasta ahora la imagen del sufrimiento y su contraste no pueden salir de mi mente. Y fue en un recital de música que encontré un poco de consuelo, y una respuesta posible de toda esa gente que no habla, pero si existe, que al igual que en mi país, en sus calles o en sus casas tienen... "mas de cien palabras, más de cien motivos, para no cortarse de un tajo las venas, más de cien motivos, que valen la pena". Es así como la historia de prostitutas, un ex convicto y sus amigos me dio un poco más de esperanza a encontrar una respuesta.

Es en Dios que encontrarás la respuesta, y es la voz de tu interior que te llevará a ella, por que parte de Dios somo nosotros y no hay otra iglesia que la de tu corazón. Sin miedo.