viernes, 15 de mayo de 2015

Un encuentro con el doctor Alzheimer.

Muchas son las horas que han pasado, duras las noches en las que ésta idea invade mi cabeza,
pero no puedo dejar que en un futuro me olvide de esto.

Es imposible saber que nos depara mañana, pero tuve un duro golpe al conocer al doctor Alzheimer, ahí con sus años, su calva, y una mirada tan amable, que generaba empatía con sólo mirarlo.

Fue sentir como miles de hojas de historias no escritas pasaran por mi frente, sentir el puño del vacío apretar el corazón y surgir con un dolor de pecho que impulsaba palabras repetidas por interlocutor.

Buenos días me dijo, mientras evitaba que algún paciente se escape por la puerta, tomemos asiento. Le gusta la música, preguntó. Asistí con la cabeza mientras ayudaba a sostener al mismo paciente; así de pronto en charlas sobre Stravinski pasó un par de minutos.

Lo veré luego, le dije y entré con miedo al taller de memoria, empezamos hablando de las clases en la escuela, sobre profesoras que nos hayan marcado, pasamos luego a algo de geografía, y tocamos un poco la aritmética. Mis compañeros de alrededor se quedaban callados, dudaban, mientras el vacío se apoderaba de sus miradas, en ciertos momentos de sus bocas, como un reflejo, reptían las últimas palabras de quien estuviese hablando.

Los números te van bien Victorino, decía la moderadora, mientras preguntaba alguna multiplicación, Conchita, no hacía caso, ella no tuvo educación, las ovejas son lo mío repetía.

Yo callado, desde una esquina, me quedé mirando al doctor, me sorprendió mucho como manejaba al grupo, como su carisma calmaba a las fieras, de alguna manera mantenía el control, y cuando hablaba, todos escuchaban.

Al fin terminó el taller, me acerqué al médico, me miró y simplemente me dijo, buenos días soy el Dr. Alzheimer, y empezó de nuevo con su charla de Stravinski.


viernes, 8 de mayo de 2015

El fin

Detrás de cada recuerdo me llevo sonrisas, tristezas, frustración y éxito.
No puedo evitar saber que este hasta luego ha llegado y me siento orgulloso del camino andado.

Si te recordaré siempre, serás ese capítulo tan digno de recordar, serás el acto principal por mucho tiempo.

Gracias por tanto y todo tu esfuerzo, pero el destino nos va ha separar, lo siento, lo sé.... Lo huelo. Así que después de un abrazo y unos besos, déjame fijarte en mi memoria así tan bella, como siempre.