domingo, 13 de septiembre de 2015

Un lugar llamado Lalin (1)

Por suerte siempre tuve los cojones bien puestos, sin miedo alguno eché las cartas en juego y salí ganando una experiencia inolvidable.

De verdes mañanas,  besarle la frente,  abrazarla sentirla y regalar sonrisas de alegría.  Saber que ese sentimiento de que nos conocíamos de antes era verdad,   demostrar a la adversidad que era posible sentirse así en tan poco tiempo.

Una semana de preguntas,  de como te ha ido, de comidas,  y amor, suave, desaforado,  gentil,  conectando lo que en palabras tal vez no estábamos mintiendo y en gemidos y abrazos se desmienten.

Una semana inolvidable,  que deja atrás toda incertidumbre y de a poco mantiene una luz encendida a un futuro prometedor.

Pero a seguir siendo valientes, no dejar que esa voz de y si tal vez gane el momento.  Ser valiente por algo que ha demostrado valer la pena.

Ser invencible y después morir.

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