Envuelto en las polleras de una morenada, con los humos hasta el cielo, paso a paso me fui sintiendo más en casa, con cada verso que tu boquita warmisita decía.
Con los licores del baile y el calor de tus caderas respirando el humo de la entrada de los diablos y en cada salto de poder fui llevado por Gabriel a las puertas de tu infierno, un buen trago de singani me ayudo a pasar aquella muralla.
Luego sufrir la lucha del minero camino a tu socavón mamita lleno de sudor y de colores le dí importancia a tu carnaval. Seguí bebiendo de la noche y disfrutando los colores, un poco de trópico con mis tobas y la fuerza del lago con los incas. Salí abrazado con el cóndor y jugué un poco de cacho con un oso ganándole su máscara con una grande sacada de la manga.
Luego de vuelta a mi La Paz del alma, al lado de un Juan de buen corazón quien me contó la historia de una chola engreída, que me hizo recuerdo a tus hazañas, como lloraba el Juan, mientras secaba sus lágrimas en mi saco, salimos de la terminal y siguiendo en la tradición orureña un apicito caliente con sus pasteles tomamos mi amor, y te vi lejos en la distancia borrosa por las nubes, que silueta, cuanto carácter, cuanta lucha. Una tea que sigue encendida en mi corazón luego de tanto tiempo, recordaba el haberte dejado atrás y formar un camino en tierra diferente, pero mi alma sigue colla carajo, así que aquí me tienes una vez más a tus pies.
Imilla engreída, coqueta y sin piedad. Me dejaste salir de tu casa para volver con la cola entre las piernas. Por lo menos así lo sueño lejos con veinte miligramos de felicidad al día, sin tu frío, sin tu calor, tu trópico, tu altiplano, tu nieve y tu vida. Como te extraño...
Con los licores del baile y el calor de tus caderas respirando el humo de la entrada de los diablos y en cada salto de poder fui llevado por Gabriel a las puertas de tu infierno, un buen trago de singani me ayudo a pasar aquella muralla.
Luego sufrir la lucha del minero camino a tu socavón mamita lleno de sudor y de colores le dí importancia a tu carnaval. Seguí bebiendo de la noche y disfrutando los colores, un poco de trópico con mis tobas y la fuerza del lago con los incas. Salí abrazado con el cóndor y jugué un poco de cacho con un oso ganándole su máscara con una grande sacada de la manga.
Luego de vuelta a mi La Paz del alma, al lado de un Juan de buen corazón quien me contó la historia de una chola engreída, que me hizo recuerdo a tus hazañas, como lloraba el Juan, mientras secaba sus lágrimas en mi saco, salimos de la terminal y siguiendo en la tradición orureña un apicito caliente con sus pasteles tomamos mi amor, y te vi lejos en la distancia borrosa por las nubes, que silueta, cuanto carácter, cuanta lucha. Una tea que sigue encendida en mi corazón luego de tanto tiempo, recordaba el haberte dejado atrás y formar un camino en tierra diferente, pero mi alma sigue colla carajo, así que aquí me tienes una vez más a tus pies.
Imilla engreída, coqueta y sin piedad. Me dejaste salir de tu casa para volver con la cola entre las piernas. Por lo menos así lo sueño lejos con veinte miligramos de felicidad al día, sin tu frío, sin tu calor, tu trópico, tu altiplano, tu nieve y tu vida. Como te extraño...
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