Sonó el timbre de un charango extrañando el cuerpo del quirquincho, mientras lejos en la mesa del fondo un borracho le metía la mano a la mesera que les dejaba las dos cervezas que habían pedido.
De pronto, mientras esperaba que me atendieran, el "desde un tiempo a esta parte sin que lo sepas, mi mente ya no piensa sino es en tí..." retumbó en mi corazón, y volví de pronto a la facultad a los tiempos de bares de mala muerte como el Miraflores, con unas chelas junto a los amigos, una guitarra criolla de por medio y cantar como buen borracho botando el pulmón.
La situación hoy era distinta, aunque similar en imagen, está era una chola con otro traje, me encontraba muy lejos, muy debajo de los 3600 metros que me acercan a las estrellas, de esas que robaba para entregarte mientras trataba de robar tu corazón, de esas, de las que te gustaban para que te escribiera la cueca más romántica, si mi amor de esas.
Un salud me sacó del recuerdo, respondimos con ganas desde mi mesa, y de las ganas pedí una cerveza, creo que fueron las ganas de tocarle el culo a la mesera, o el hecho desinhibido de aquel borracho, no importaba por unos instantes estaba en mi tierra.
Luego pensé en escribir esto, que nostalgia del que está lejos, que dolor marca el amar tanto y no poder demostrarlo, que tristeza de chuntuqui, de aquellos que en un grito juran no volver amar, de no volver a estar en esta posición, pero como el salud que dio el borracho la realidad siempre será la misma.
Se muy dentro de mí que volveré a estar así, tal vez no en Ucera, sino en Barcelona, o la misma Soria, se que dentro de poco levantaré mi copa a la salud de aquel amor prohibido al recelo de la distancia y esperaré la respuesta del nuevo migrante que se siente en la misma situación que hoy yo.
Viva Bolivia carajo
De pronto, mientras esperaba que me atendieran, el "desde un tiempo a esta parte sin que lo sepas, mi mente ya no piensa sino es en tí..." retumbó en mi corazón, y volví de pronto a la facultad a los tiempos de bares de mala muerte como el Miraflores, con unas chelas junto a los amigos, una guitarra criolla de por medio y cantar como buen borracho botando el pulmón.
La situación hoy era distinta, aunque similar en imagen, está era una chola con otro traje, me encontraba muy lejos, muy debajo de los 3600 metros que me acercan a las estrellas, de esas que robaba para entregarte mientras trataba de robar tu corazón, de esas, de las que te gustaban para que te escribiera la cueca más romántica, si mi amor de esas.
Un salud me sacó del recuerdo, respondimos con ganas desde mi mesa, y de las ganas pedí una cerveza, creo que fueron las ganas de tocarle el culo a la mesera, o el hecho desinhibido de aquel borracho, no importaba por unos instantes estaba en mi tierra.
Luego pensé en escribir esto, que nostalgia del que está lejos, que dolor marca el amar tanto y no poder demostrarlo, que tristeza de chuntuqui, de aquellos que en un grito juran no volver amar, de no volver a estar en esta posición, pero como el salud que dio el borracho la realidad siempre será la misma.
Se muy dentro de mí que volveré a estar así, tal vez no en Ucera, sino en Barcelona, o la misma Soria, se que dentro de poco levantaré mi copa a la salud de aquel amor prohibido al recelo de la distancia y esperaré la respuesta del nuevo migrante que se siente en la misma situación que hoy yo.
Viva Bolivia carajo
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