Hace unos diez años existía un joven, quien saliendo de la edad del burro, conoció a otra.
Paso a paso este joven quiso que su vida sea una utopía, que tanta lucha que mantenía en la mente, salga al exterior, que sirva de algo joder, que se sentía uno más del rebaño.
Así que con esta otra bella dama, comenzó a reir por las calles, y saludar de la mano, y para no sentirse tan sólo se agarraban de la mano, en señal de unión, de hermandad, de compromiso con un ideal muy, pero muy difícil que cumplir, el plantar en la cara de otros una sonrisa.
Con el tiempo, por estas épocas, ensayando sus conocimientos de la corta vida, se pusieron a escribir una lista, de las cosas más deliciosas de la vida: el café en la mañana, o una ducha hirviendo de esas para pelar pollos, una rosa, un domingo de películas y lluvia por la ventana (pero bien cubiertos por una rica frazada).
El tiempo siguió sus pasos, y el destino decidió separar a estos dos, es que la verdad era una simbiosis peligrosa, incomprendida por el giro de la vida política y atareada de la gente cotidiana, que ha perdido las ganas de sonreír.
Diez años han pasado, y siento en días como este tan lejos el que era, ese jovenzuelo con ganas de reir, rara es la ocasión que la felicidad sale con carcajadas, es que mi mejor mitad sigue lejos.
Hoy por hoy, ella, se encuentra cumpliendo su mitad de las cosas, al igual que este joven ya con 26 años por que la lista tiene que ser completada, es una utopía, pero aún hay tiempo y ganas para completarla, aún se puede.
tal vez cumpla la última promesa, el tener como último recuerdo el ver esos ojos tan hermosos de esta mi compañera incomprendida por la vida, darle un beso y dormir eternamente tranquilo, pero ese es otro cuento.
Que lindo cuento Carlitos. Love you.
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